Un lugar, mi lugar en el Cielo
Daniel Gaydou
DEVOCIONALES CORTOS DIARIOS BIBLICOS
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Juan
14:1-6
Cuando estábamos en La Paz, Entre Ríos, cerca de la iglesia, a unos 30 km quizás, había un lugar a la orilla del arroyo Feliciano donde de la Asociación de Iglesias de Entre Ríos tenía un campamento, un lugar para hacer campamentos, retiros, de ese tipo de cosas. Un lugar bellísimo. El arroyo Feliciano es un arroyo angosto, no muy grande, salvo las crecidas que en algún lugar más alejado podías, si tenías paciencia, podías llegar a ver algún yacaré chiquito, dando vueltas por ahí. Un lugar bastante natural, muy bonito, especialmente en lo de esos días lindos de verano, Entre Ríos era un lugar, realmente un lugar privilegiado.
Todos los veranos se hacían una serie de campamentos ahí, para gente dividida por edad, para jóvenes, para familias enteras, para niños. Y alguien -no sé quién- quizá alguien de La Paz se acuerde y me diga; tuvo la genial la idea de que para los campamentos de niños se notaba mucho las diferencias sociales. Entonces, en los campamentos normales de niños venían chicos de un barrio que creo que se llama La Feria, ahí en La Paz; un barrio bastante pobre. Y esos chiquitos sufrían cuando venían a los campamentos, con los otros chicos. Porque les gustaba obviamente, el programa así del campamento, y la comida sobre todo. Pero eran extremadamente pobres, entonces sufrían cuando veían que los otros chicos iban al kiosco y compraban golosinas así, y ellos no tenían. Entonces a alguien se le ocurrió la genial idea de hacer un campamento especial para ellos. Hacer un campamento con todas las de la ley, donde pudiéramos hacer una comida más básica, bien nutritiva, pero abaratar los costos al máximo para permitir que esos chiquitos puedan estar en un campamento sumamente barato y que pudieran tener esas ventajas de compartir todos juntos. Por supuesto, también venían chicos, digamos, que no eran tan pobres como ellos y compartían, pero ya compartían en un nivel más de igualdad nivelando para el lado de estos chicos más necesitados.
Las maestras, que había varias que trabajaban con
chicos discapacitados, etc. tenían mucha experiencia para trabajar con ellos. Yo,
la verdad las admiraba y tenía un cariño muy especial por la forma como
trataban a estos niños con tanto amor y con tanta paciencia. Y entonces,
aprovechaban para los días del campamento, enseñar las normas de higiene. Por
ejemplo, les pedían que traigan cepillo de dientes y dentífrico, les enseñaban
a lavarse los dientes, les enseñaban a bañarse todos los días, a cambiarse. Pero
la verdad, es que muchos de estos chicos, muchos ¿eh? venían con la ropa que traían
puesta y estaban la semana que duraba el campamento con esa misma ropa. Y
entonces, disimuladamente las maestras veces les decían: Che, lávense la ropa,
ahora que está lindo y la cuelgan y la secan. Y entonces, algunos lavaban parte
de sus atuendos, porque todo, no lo podían lavar. Entonces, una de las maestras
le quedó la duda, se dio cuenta la mitad del campamento, dice: estos chicos no
tienen un bolsito, nada. Tenían una bolsita de supermercado, donde tenían el
dentífrico, el peine -porque eso se les había pedido que traigan- una mini
toallita… y era todo ¿eh? Andaban en pata todo el día, así que no tenían casi
ninguna ropa.
Entonces, ellas disimuladamente, en el momento del baño les preguntaban: ¿Se están bañando? ¿ustedes se bañan? ¡Sí, señorita, sí! ¿Se cambian la ropa? ¡Sí! ¿Se cambian los calzoncillos? les preguntaban. ¡Sí señorita, todo!
Entonces, una maestra dijo: -¿Qué se van a cambiar, si no tienen? Entonces disimuladamente se fue en el momento del baño, estaban todos ellos relucientes, con los pelitos parados, mojados y todo; y vio la “Ceremonia del cambio de calzoncillos”. ¡Uno de ellos le daba su calzoncillo al otro, y ese otro le devolvía el suyo, el del anterior, por supuesto!
Estos chicos entendían que esta gente rica tenían costumbres raras, como por ejemplo, caprichosamente cambiarse el calzoncillo. Y entonces para hacerles caso y no llevarle la contra a la maestra, se cambiaban entre ellos los calzoncillos usados. Porque si la señorita lo dice, ¡hay que hacerle caso!
Y era muy gracioso y siempre pensábamos en eso. Y eso es lo que quiero hablar ¿no? Cómo es que uno termina dando por normal y sintiendo confort en lo que es su lugar, su lugar en el mundo. Y cuando piensa en otros lugares, piensa como en lugares que dan cierto temor. Que por más que te los pinten, que son muy lindos y todo, de repente: “pero ¿y si pasa algo? ¿y si pasa tal o cual cosa? Y estos chiquitos siempre pensábamos ¿no?, en ellos. ¿Qué consideraban ellos como una casa normal? ¿Qué era para ellos, su casa? Y algunos de ellos tenían unas historias tristísimas, de lo que ellos llamaban “mi casa”.
Nosotros los seres humanos, todos estamos, quizás lo vemos mirando así como hacia otra clase social; para arriba o para abajo. ¿Cómo será nuestra casa, cuando dejemos esta casa en la que vivimos ahora?
Los apóstoles mismos de Jesús, tenían dudas sobre,
bueno, ¿qué va a pasar cuando dejemos, cuando se termine esta vida de ahora? ¿Cuánto
va a durar? Y Jesús les dijo en juan 14:1:
No dejen que el corazón se les llene de angustia; confíen en Dios y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre, hay lugar más que suficiente. Si no fuera así, ¿acaso les habría dicho que voy a prepararles un lugar? Cuando todo esté listo, volveré para llevarlos, para que siempre estén conmigo donde yo estoy. Y ustedes conocen el camino que lleva adonde voy. —No, Señor, no lo conocemos —dijo Tomás —. No tenemos ni idea de adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino? Jesús le contestó: —Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.
(Juan 14:1-6 NTV)
Nosotros cuando pensamos en el Cielo, ¿en qué pensamos? ¿Nosotros pensamos en el Cielo como un lugar deseable para ir? ¿O un lugar que no te queda más remedio que ir ahí o al infierno? Y entonces, no, me quedo con el Cielo. Porque de los dos males, elijo el menor. Yo me temo que muchos cristianos tienen esa idea del Cielo. hay mucha pintura medieval con el tema de cómo será el Cielo ¿no? Todo pintado en blanco y dorado con angelitos gordos… poco negro se ve ahí. ¡Poco chino! Yo nunca ví un angelito chino o con rasgos orientales. Siempre me ha preocupado que no puedo distinguir rápidamente a un chino, de un coreano, de un japonés, y a veces de un vietnamita. ¿Por qué? Bueno, simplemente porque vivimos en un lugar en el mundo limitado. Mi lugar. Mi lugar emocional, mi lugar mental, mi lugar físico, mi lugar donde está mi cama. Es limitado. Entonces, cuando yo pienso en el Cielo, es difícil pensar sin esas limitaciones.
Pero quiero decirte algo. Lo que dijo Jesús a los apóstoles, fue así: “no dejen que el corazón se les llene de angustia”. Interesante, que la palabra “angustia” es una palabra que quiere decir: “mar embravecido”. Y a veces nuestras emociones están como un mar embravecido y no como un lago tranquilo. Bueno, hagamos caso en esto, siquiera, a Jesús hoy.
¿Confiamos en Él? ¿Confiamos realmente en Jesús? ¿O solamente tenemos un par de ideas así como que Dios existe, que Jesús murió en la cruz… ¿Confiamos en Él? ¿Confiamos en Jesús? ¿Realmente le tenemos confianza? ¿Le firmaríamos un cheque por cualquier monto? ¿Sin monto?
Bueno, no dejemos que se nos llene el corazón de angustia, como un barco a la deriva en el medio del mar. Confiemos en Dios y confiemos también en Jesús que dijo: “LES TENGO PREPARADO UN ESPACIO EN EL CIELO”.
¿Estás cargado?


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