No murió gracias a que recordó las instrucciones del maestro
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El avión los llevaba a mil quinientos metros de altura y uno por uno los jóvenes fueron saltando. Todos habían estudiado con esmero, pero a Joseh Burn, no le fue nada bien.
Su paracaídas se desplegó antes de tiempo y se enredó en la cola del avión, el joven quedo colgado de la cola en pleno vuelo.
En ese momento el instructor de Joseh comenzó a darle indicaciones de cómo quitarse el paracaídas enredado, cómo aterrizar, cómo abrir el de repuesto. Y siguiendo las instrucciones del maestro y recordando las lecciones aprendidas en las clases el joven pudo salir de su amarradura y de esta manera salió ileso de este repentino desastre.
Siempre podemos acudir al instructor como lo hizo Joseh, pedir la ayuda de Dios y luego seguir las instrucciones del maestro.
Vayamos confiadamente a su presencia cuando veamos que el paracaídas se nos enreda, pues en Jesús hallaremos la mejor solución y las palabras correctas a la hora de que el peligro se presente en nuestro camino y el miedo quiera habitar en nuestro corazón.
Somos más que vencedores en Cristo Jesús…
En cuanto a lo que ya hemos aprendido de Él, procuremos ponerlo en práctica, pues nos ayudará a salir de aprietos, y en diversas ocasiones, evitará que «metamos la pata». Apreciemos cada instrucción del maestro, pues sus palabras son vida y nos garantizan victoria y éxito.
Tratemos cuanto más podamos en tener la mirada en Jesús y nuestros oídos prestos para escuchar todo aquello que quiera decirnos, pues Él está constantemente cuidando de nosotros y ayudándonos en todo lo que necesitamos.
«Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar», Salmos 46:1-2.

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