Detenernos y pensar antes de actuar hace la diferencia

Alex López
La Catapulta
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Los seres humanos solemos ser muy impulsivos e impacientes. Nos falta tanto a nivel de paciencia, dominio propio y a nivel de escucha.

Todo esto no sólo afecta negativamente nuestras relaciones, sino también, afecta nuestra vida como un todo. Porque con el que más solemos ser impacientes e impulsivos es con nosotros mismos en cuanto a la toma decisiones sabias.

Detenernos y pensar, hace la diferencia. ¿Cómo llamamos a aquel se sienta y piensa con detenimiento antes de actuar? Prudente.

El diccionario define a una persona prudente como una persona “Que piensa acerca de los riesgos posibles que conllevan ciertos acontecimientos o actividades, y adecua o modifica la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios.”

La prudencia es tan necesaria ante cualquier estímulo externo. Detenernos y pensar tanto en los riesgos de cada decisión. Esto es ver la situación desde un enfoque negativo.

Detenernos y pensar hace la diferencia. Pensar prudentemente no sólo en los riesgos de tomar esa decisión, para otros y para mí. sino también en los beneficios de tomar una decisión contraria, para otro y para mí.

Un punto de vista nos muestra el posible dolor. Y, el otro punto de vista nos muestra los beneficios del sacrificio.

Cada momento que sea tentado a hacer algo que no glorifique a Dios, deténgase y piense con prudencia. Qué gana y qué pierde con este camino para usted y para otros. Y qué gana y qué pierde con la alternativa.

“Más vale ser paciente que valiente; más vale el dominio propio que conquistar ciudades.” Proverbios 16:32

El prudente es paciente. Porque se toma el tiempo para pensar. ¿Cómo quiere ser usted?, ¿Qué diferencia hará en usted la prudencia?

“El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias” Proverbios 22:3

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