Sansón: un Moisés nuevo y no mejorado
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«La historia no se repite, pero a menudo rima». Esta frase, que se suele atribuir a Mark Twain, capta algo muy cierto sobre cómo la Biblia cuenta sus historias.
Los autores bíblicos seleccionan y dan forma cuidadosamente a los acontecimientos históricos para crear patrones y evocar características de relatos anteriores. Señalan estas conexiones contando historias en una secuencia similar, incluyendo detalles inusuales compartidos y utilizando una redacción similar. Cuando el objetivo es la crítica en lugar de la alabanza, los paralelismos contienen sutiles puntos de disonancia. Lo que comienza como un eco familiar puede colapsar en discordia, y la armonía esperada es reemplazada por la disonancia.
Eso es exactamente lo que sucede en la carrera de Sansón. Toda su historia imita la vida de Moisés. El caso más importante y claro aparece en Jueces 15, donde la batalla de en Lehi, su jactancia y su sed evocan escenas del éxodo. Pero, en lugar de ser un libertador nuevo y mejorado, Sansón se parece más a un eco distorsionado, una especie de antítesis de Moisés, alguien que se glorifica a sí mismo en lugar de guiar al pueblo de Dios a confiar y adorar al Señor.
Cuando Sansón rima con Moisés
Entonces, ¿cómo podemos distinguir si estas conexiones son intencionales? A través del orden y la rareza. En lo respecto al orden, Moisés y Sansón comparten esta secuencia de cinco partes (Éx 14-17; ).
- Gran liberación
- Canto de victoria
- Queja por la sed
- Agua de una roca
- Nombre de un lugar
¿Pero esto es raro? Sí. Ningún otro personaje bíblico comparte esta secuencia idéntica, y sus detalles resaltan este contraste excepcional. Solo tres libertadores levantan cantos de victoria después de la batalla: Moisés (Éx 15), Sansón (Jue 15) y Barac (Jue 5). Y solo dos libertadores en el Antiguo Testamento reciben agua de una roca: Moisés (; ) y Sansón ().
Cuando Sansón rima en discordia
Para Sansón, los sutiles contrastes con Moisés y el éxodo disminuyen su éxito como libertador. En el Mar Rojo, Moisés exhorta a los aterrorizados israelitas a no temer, sino a permanecer firmes y ver cómo el Señor los libera (). Él destruye a los mayores opresores de Israel y libera a toda la nación de la esclavitud.
En lugar de ser un libertador nuevo y mejorado, Sansón se parece más a un eco distorsionado, una especie de antítesis de Moisés
En Lehi, la escena se invierte. Los israelitas no tiemblan ante sus opresores, sino que les ayudan (). Sansón nunca exhorta a Israel a confiar en el Señor y esperar la liberación. En cambio, el propio Sansón es atado (¡por los israelitas!) y entregado a los filisteos (15:12-13). Cuando el Espíritu del Señor se apodera de Sansón y rompe sus ataduras, Sansón toma una quijada de asno y mata a mil filisteos (vv. 14–15). La victoria es asombrosa, pero el resultado es mucho más limitado. Israel sigue oprimido y Sansón es el único liberado.
La victoria en ambas historias va seguida de un canto que revela el corazón del libertador. En el Mar Rojo, Moisés y los israelitas cantan una larga canción al Señor y sobre Él. En Lehi, Sansón proclama un elogio de dos versos para sí mismo: «Con la quijada de un asno, / Montones sobre montones, / Con la quijada de un asno / He matado a 1,000 hombres» (v. 16). Sansón no guía a nadie en la adoración y no le da al Señor el crédito por la victoria.
La ingratitud resurge en la siguiente escena, cuando la sed toma lugar. Ambos relatos afirman que alguien sintió sed y pensó que podía morir por esta causa (; ). Sorprendentemente, la pareja ya no es Sansón y Moisés, sino Sansón e Israel. A través de los cambios en las parejas, los autores bíblicos construyen personajes complejos. En este caso, Israel, que solo tuvo un contentamiento fugaz, se queja de la sed en el desierto tres días después de su liberación (; ver 17:1-7). Para no quedarse atrás, Sansón se queja ante Dios ese mismo día (). El tono de Sansón se asemeja al de Israel; acusa en lugar de suplicar. Se parece menos a . Sansón solo habla por sí mismo.
Los verdaderos libertadores sirven al Señor y llevan a otros a adorarlo, confiar en Él y seguirlo
Aun así, el Señor le responde a Sansón. Dios abre la tierra y hace brotar agua (v. 19), tal como lo hace para Israel por medio de Moisés (). La gracia del Señor satisface poderosamente la necesidad de Sansón, pero el momento es menor; es solo para Sansón. Para conmemorar la ocasión, Sansón llama al lugar «El manantial del que llama» (En-hakkore), poniendo el foco en sí mismo en lugar de en el Señor (). El relato paralelo del Éxodo refuerza sutilmente una imagen negativa de este acontecimiento. Allí, Moisés llama a los lugares Masá y Meribá después de la pecaminosa disputa de Israel con Dios (). Aquí también el libertador Sansón llama al lugar con el nombre del pecador: él mismo.
¿Con quién vamos a rimar nosotros?
La forma de la historia de Lehi es familiar; se asemeja al Éxodo. Sansón sigue claramente el patrón de Moisés, pero no su postura. Moisés libera a Israel; Sansón solo se libera a sí mismo. Moisés canta con otros al Señor; Sansón canta solo y solo para sí. Moisés intercede por Israel; Sansón se queja como los israelitas.
La historia rima con la de Moisés, pero en una clave deliberadamente discordante. Esa discordia hace una crítica a Sansón y enseña que los verdaderos libertadores sirven al Señor y llevan a otros a adorarlo, confiar en Él y seguirlo. Donde Sansón fracasa y solo presagia, la historia vuelve a rimar en Jesucristo, el Libertador humano y divino definitivo. Al seguirlo, la medida de nuestro ministerio es si llevamos a otros a adorar a Cristo en lugar de a nosotros mismos. La salvación es demasiado hermosa para ser egoísta.

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