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LAS CUENTAS DE DIOS

Por: Diego Brizzio




Las cuentas de Dios
Romanos 4.4-5
¿Qué dicen ustedes: Dios hace cuentas? … Pues parece que sí. Parece que algún tipo de cuentas hace, y las hace con nosotros, y las hace en función de nuestra actitud. Acompáñenme por favor a leer Romanos 4.4-5: Al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; pero al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Ro 4.4–5). Efectivamente, Dios hace cuentas, y las hace con nosotros, y las hace en función de nuestra actitud. En este pasaje, vemos dos actitudes que nosotros podemos tener en relación con Dios, y la cuenta que Él hace en cada caso.
I.          Vamos con la primera actitud y cuenta. Están en el verso 4. Dice: Al que obra…” Ahí tenemos la actitud nuestra. Lo que sigue es la cuenta que Dios hace en ese caso: “no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda”.  
Una actitud que podemos tener en relación con Dios es la de alguien “que obra”, es decir, la de alguien “que trabaja”. Vamos a llamarla la actitud de un trabajador. A ver, vamos a pensar por un momentito en el mundo de las relaciones laborales: ¿cuál es allí la actitud de todo trabajador digno? Bueno, todo trabajador digno quiere ganarse el sustento diario con su propio esfuerzo, con lo que hace. No quiere que se lo regalen, no lo quiere gratis; quiere merecerlo. Luego, si trabaja, espera que se fijen en lo que ha hecho, y que le den lo que es justo, que le den lo que realmente se merece. En el mundo de las relaciones laborales, esta es la actitud de todo trabajador digno. ¡Y es correcta, es legítima! La gran mayoría de nosotros, seguramente, tiene esta actitud. Y Dios quiera que toda la sociedad la tenga.
Ahora bien, este pasaje en realidad no quiere hablar de las relaciones laborales. Está hablando de la relación con Dios. Dice que en esa relación hay muchas personas que tienen la actitud de un trabajador. ¿Por qué? Porque lo que necesitan de parte de Dios, no lo esperan, o no lo quieren, gratis, a modo de regalo. Piensan que tienen que ganárselo, que hacer méritos o sumar puntos con sus esfuerzos, con su buena conducta. Luego, cuando suponen que han hecho méritos, esperan o quieren que Dios, al hacer sus cuentas, se fije en esos supuestos méritos, y les dé lo que es justo, lo que realmente les debe, lo que se merecen.
¿Tenés vos, en relación con Dios, esta actitud de trabajador? Tal vez vos pensás: “—Bueno, sí, yo necesito algo de Dios: necesito que me acepte, que me perdone, que me dé un lugar en el cielo, que me favorezca. Pero no espero, o no quiero, que me lo dé gratis, que me lo regale. Espero o quiero ganármelo. Por eso me esfuerzo por ser un buen hijo, una buena pareja, un buen padre, buen empleado, jefe… Me esfuerzo por ser generoso, ayudar a la gente, etc. Me esfuerzo por no ser tan malo: no ser ladrón, ni asesino, ni narcotraficante, ni violador, ni pedófilo, ni corrupto… Me esfuerzo en cumplir mis promesas, hacer sacrificios… Espero o quiero que Dios, a la hora de hacer sus cuentas conmigo, se fije en todos esfuerzos, y me dé lo que es justo, lo que me merezco. Tal vez algo de perdón, algo de aceptación, algún favor, algún lugarcito en el cielo. De última, algo menos de castigo.” ¿Tenés vos, en relación con Dios, esta actitud de trabajador? Yo la conozco muy bien, porque yo también la he tenido, y a decir verdad muy seguido vuelve a surgir.
Ahora bien, veamos qué cuentas hará Dios con vos si tenés esa actitud. Dice: “al que obra, no se le cuenta el salario como gracia [como un regalo], sino como deuda [como algo que se debe]”. Cuando Dios haga sus cuentas con vos, él las va a hacer tal como vos hoy esperás o querés: si vos no esperás, o no querés, nada gratis ni nada regalado, él no te dará nada gratis ni nada regalado. Si vos querés que Dios se fije en todo lo que hacés, y te dé lo que es justo y te merecés, él se fijará cuidadosamente en todo lo que has hecho, y ciertamente te dará lo que es justo y te merecés.
Ahora, bien, ¿cuál creés que va a ser el resultado final? ¿Premio en lugar de castigo? ¿Recompensa en lugar de condenación? ¡De ninguna manera! Porque cuando Dios se fije cuidadosamente en todo lo que has hecho, encontrará pecados: encontrará que te lo imaginaste a Él como no es, o que amabas a otras cosas más que a él, o que no amaste al prójimo como a vos mismo, o que no fuiste cien por ciento honesto, o que fuiste avaro, o que maltrataste a otros, o que tuviste relaciones sexuales con alguien que no es tu cónyuge… Encontrará pecados, y por esos pecados deberá separarte de él eternamente. Dice la Biblia que todos hemos pecado, y estamos justamente privados de su persona gloriosa (Ro 3.23), dice que la paga del pecado es la separación eterna de él (Ro 6.23). Así que, no importa cuántas ni qué cosas buenas hacés hoy. Al hacer sus cuentas con vos, Dios no pone tus supuestas cosas buenas en un platillo de la balanza y tus cosas malas en el otro platillo. No. Dios no usa ninguna balanza. Si has cometido al menos un pecado en tu vida —y has hecho muchos pecados—, por ese pecado Dios debe apartarte de sí mismo.
Así que, mi querido amigo, en el mundo de las relaciones laborales la actitud de un trabajador digno es buena y justa; pero en tu relación con Dios, la actitud de un trabajador no es buena. La cuenta que Dios hace con vos en ese caso es: nada como regalo, todo con estricta justicia, y lo justo es condenación por el pecado. ¿Habías pensado en eso?
II.         Ahora vamos a la segunda actitud y cuenta. Está en el verso 5. Dice: Pero al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío…” Ahí tenemos la actitud. Y luego sigue la cuenta que Dios hace en ese caso: “Su fe le es contada por justicia”.
La otra actitud que podemos tener en relación con Dios es la de alguien que, en lugar de tratar de ganarse lo que necesita de parte de Dios, confía en que Dios se lo regala, se lo da gratis. A esta actitud la llamamos la actitud de un pecador creyente… Esta es la actitud que Dios espera de nosotros en relación con él. Dios espera que dejemos de tratar de ganarnos su aceptación o perdón, que dejemos de esforzarnos para hacer méritos. ¡No somos capaces de ganar o merecer algo de él! Eso es jactancia espiritual, y empeora todo. Dios espera que nos reconozcamos pecadores condenados, que nos humillemos y nos admitamos culpables que van rumbo al castigo. Dios espera que confiemos en su perdón gratuito. Confiemos en que él quiere perdonarnos, quiere declararnos judicialmente libres para siempre; y que la única manera en que hace esto es gratuitamente, como regalo, por su bondad, gracia y buena voluntad. Dios espera que confiemos en Jesucristo como Salvador. Dios quiere y puede perdonarnos gratuitamente, no porque piensa que el pecado es poco importante, o porque decidió que va a dejarnos sin castigo… No. Él puede perdonarnos, porque envió a su Hijo Jesucristo, que no tenía pecado, a morir en lugar de nosotros los pecadores, porque su santo Hijo por amor quiso ser castigado en la cruz en nuestro lugar. Y al tercer día resucitó de entre los muertos, y ascendió a los cielos, y hoy es el Señor y el Salvador. Es el único Salvador. Dios espera que nuestra actitud sea de un pecador que cree, que confía en Cristo como único Salvador, para su perdón gratuito.   
Ahora, ¿qué cuentas hará Dios con vos si tenés esa actitud de pecador creyente en relación con él? Dice que “su fe le es contada por justicia”. Si vos confiás en que solamente gracias a la obra de Cristo hoy podés tener perdón, Dios efectivamente te librará de condenación para siempre. Te pondrá en una situación judicial en que ya todo está resuelto, cumplido, pagado. Una situación en que ya no habrá culpa, ni remordimiento, ni carga. Sólo hay libertad interior, paz con él, reconciliación, amistad, filiación, amor y aceptación. Y lo hará gratuitamente, por pura gracia, por bondad, por buena voluntad. ¡Gratis!  
¿Quién en esta ocasión, escuchando el llamado del Espíritu Santo y de Dios, adopta por primera vez en su vida, una actitud de pecador creyente, para que Dios le perdone gratuitamente todos sus pecados para siempre?

Imagen: https://pixabay.com

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