Cómo sé si estoy idolatrando mi trabajo?

Kaitlin Febles
Coalición por el Evangelio
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Todos los derechos reservados-Publicado con permiso

Trabajo en el sector financiero. Además de tener los dones, la oportunidad y el deseo de hacer esta labor, también siento que es un área en la que Dios me ha llamado a trabajar. Realmente quiero ser excelente en ella. Pero a veces —bueno, con frecuencia— me resulta difícil dejarla a un lado para enfocarme en otras prioridades, como mi familia, mi iglesia o mi salud. ¿Cómo puedo saber la diferencia entre ser diligente en el trabajo y convertir el trabajo en un ídolo?


Haces bien en ser diligente en tu trabajo. Hagamos lo que hagamos, las Escrituras nos dicen que trabajemos en ello con todo nuestro corazón, como si trabajáramos para el Señor (Col 3:23-24). Pero podemos desviarnos fácilmente de servir a Dios con nuestro trabajo como adoración para servir a nuestro trabajo como el dios al que adoramos.

Si sientes la convicción de haber convertido el trabajo en un ídolo, pon atención. Con el Espíritu Santo que obra en nosotros, podemos hacernos preguntas para identificar si estamos abordando el trabajo como una forma buena y con propósito de glorificar a Dios y amar a los demás, o si lo hemos convertido en un ídolo de maneras que Dios nunca pretendió.

1. ¿Por qué trabajas?

Si hace tiempo que no examinas tus motivaciones para trabajar, ahora puede ser un buen momento. ¿Tu trabajo sigue consistiendo en administrar los dones que Dios te ha dado para Su gloria y el bien de los demás, o se ha convertido en algo que gira exclusivamente en torno a tu propia gloria y tu propio bien?

¿Encuentras tu identidad y tu valor en el trabajo? ¿Estás idolatrando el ascenso porque has puesto tu esperanza en el reconocimiento humano? ¿Es tu sueldo un noble esfuerzo por mantenerte a ti mismo y a tu familia (1 Ti 5:8), o simplemente te afanas por adquirir riquezas (Pr 23:4)?

Nuestro trabajo tiene como objetivo asumir nuestro papel en el reino de Dios, no construir nuestro propio reino

El trabajo siempre ha sido (y siempre será) una parte importante del plan de Dios. Nuestro Dios trabaja. Nosotros mismos somos hechura Suya, y Dios nos ha preparado buenas obras para que las realicemos como reflejo de Él (Ef 2:10). Pero nuestro trabajo tiene como objetivo asumir nuestro papel en el reino de Dios, no construir nuestro propio reino.

2. ¿Qué estás sacrificando por tu trabajo?

El trabajo te exigirá, con razón, que sacrifiques muchas actividades. El ocio, los pasatiempos y la recreación a menudo deben quedar en segundo plano con respecto a tu trabajo diario (aunque pueden tener su lugar en tu vida), ya que priorizas ser fiel con todo lo que Dios te ha confiado (Lc 16:10).

Pero también debes preguntarte si estás sacrificando demasiado, o si estás sacrificando las cosas equivocadas. ¿Has permitido que el trabajo comprometa la cantidad de tiempo, atención y esfuerzo que deberías dedicar a cultivar tu relación con Dios, a invertir en tu matrimonio, a discipular a tus hijos o a participar activamente en tu iglesia? ¿Has sacrificado más descanso del que Dios pretendía, dado que Él descansó el séptimo día de la creación como ejemplo (Éx 20:11)?

Dios nos advierte que no nos agotemos para hacernos ricos, sino que sepamos discernir lo suficiente como para desistir (Pr 23:4), especialmente por el bien de honrar todo aquello a lo que Él nos ha llamado fuera de nuestro trabajo.

3. ¿Temes más a tu trabajo que a Dios?

Fuiste creado para temer, no en el sentido de tener miedo, sino en el sentido de sentir reverencia por alguien más grande que tú. Solo debes temer a Dios, y puedes preguntarte si has llegado a temer al trabajo como un ídolo que rivaliza con Él.

Por ejemplo, ¿te interesa más ganarte la aprobación de tus superiores por tu trabajo o el reconocimiento de Dios? ¿Te importa más la opinión que tus compañeros tienen de ti que la opinión de Dios? ¿Te preocupa más no estar a la altura de tus ambiciones profesionales o de la gloria de Dios?

Solo Él dirige tus pasos, tiene tu futuro en Sus manos, juzga todas las cosas con justicia y reina sobre los líderes y las autoridades terrenales. Es a Él a quien, en última instancia, debes rendir cuentas, y solo a Él debes temer.

4. ¿El trabajo controla tus emociones más de lo que debería?

No está mal que tu trabajo te afecte emocionalmente. A menudo es una señal de que te preocupas por aquellos con quienes y para quienes trabajas. También puede ser una señal de que estás trabajando con todo tu corazón, un corazón que puede conmoverse ante los fracasos, los conflictos, las ineficiencias y las frustraciones a las que te enfrentarás en un lugar de trabajo imperfecto.

Pero también estás llamado a ser firme e inquebrantable mientras abundas en la obra del Señor (1 Co 15:58). Deberías preguntarte si has sustituido a tu Dios que provee estabilidad por el tumultuoso dios del trabajo (Is 33:6).

¿Te sientes devastado cuando no consigues el nuevo puesto o el ascenso que creías merecer? ¿Te agobia la ansiedad ante la incertidumbre de tu reputación en el lugar de trabajo? Cuando recibes una corrección o comentarios críticos, ¿se ve afectado tu sentido de la autoestima? ¿Te invade el miedo y te quita el sueño la importancia de un próximo proyecto, reunión o presentación?

Si es así, puede que estés buscando en el trabajo lo que solo Dios puede darte. Solo el Señor da una paz inquebrantable en medio de todo lo que amenaza con sacudirte.

5. ¿Dejarías tu trabajo si Dios te lo pidiera?

Aunque Dios pueda estar llamándote a permanecer fiel justo donde estás durante el resto de tu carrera, siempre es prudente hacerte esta pregunta: si Él me llamara a irme, ¿obedecería?

Por todo el bien que se encuentra en tu trabajo y que este produce, nunca tuvo el propósito de satisfacerte o gobernarte como solo el Dios vivo puede hacerlo

Si, a través de Su Palabra, de Su sabiduría y de los consejos piadosos que te ofrecen otras personas, pareciera que Él te estuviera pidiendo que renunciaras al trabajo que tienes hoy, ¿lo harías? ¿Serías capaz de confiar en Dios y seguir con gozo el camino por el que parece estar guiándote, o, por el contrario, te aferrarías con más fuerza al dios que has hecho del trabajo?

Si tú, como Abraham con Isaac, estuvieras dispuesto a sacrificar tu carrera en un altar de obediencia si Dios te lo pidiera, esta podría ser una señal de que amas verdaderamente a Dios —mucho más que a tu trabajo— ya que ni siquiera le has negado esto (Gn 22:12).

Derriba el ídolo

Si tu respuesta a cualquiera de estas preguntas te ha llevado a la convicción de que has idolatrado tu trabajo, tal vez lo que más necesitas es mirar a este ídolo directamente a la cara —su rostro sin aliento y sin vida— y reconocer lo impotente que es para salvarte.

Por todo el bien que se encuentra en tu trabajo y que este produce, nunca tuvo el propósito de satisfacerte o gobernarte como solo el Dios vivo puede hacerlo. Así como todos los ídolos de los que se habla en las Escrituras acabaron defraudando a Su pueblo, lo mismo hará cualquier ídolo que hagas de tu trabajo.

Por el contrario, ora por la sabiduría y el autocontrol necesarios para mantener el trabajo en el lugar que le corresponde en tu vida —un don para disfrutar del Señor, una herramienta para servirle y una forma de reflejarlo— mientras buscas adorar únicamente a tu Amo celestial.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.



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